Los jóvenes prefieren hacer el bien, en lugar de beneficios laborales

on Jun17

En la implacable industria de la tecnología donde las empresas hacen grandes esfuerzos para atraer y retener el talento, los empleadores han ofrecido a los trabajadores altos salarios, acciones de la compañía y tiempo ilimitado de vacaciones. Han otorgado desayunos gratis, almuerzos gratis, cenas gratis y bebidas gratis. Hay kombucha de barril, ping-pong y piscina, habitaciones para siestas, salas de yoga y gimnasios en el lugar de trabajo.

Alguna vez considerados majestuosos beneficios, ahora se han convertido en lo habitual. Es por eso que las firmas tecnológicas deseosas de mantener a sus empleados involucrados están recurriendo a Loqules (se pronuncia “locals”), una empresa de Los Ángeles con 200 mil dólares en fondos providenciales, para ofrecer lo que un creciente número de empleados jóvenes anhelan: formas de divertirse y hacer el bien.

“Los milenials representan alrededor del 45 por ciento de la fuerza laboral y prefieren gastar su dinero haciendo algo genial y tener una experiencia, que comprar o tener cosas materiales”, expresó Jai Al-Attas de 33 años, fundador de Loqules. “Son mucho más conscientes socialmente, y quieren ser parte de compañías o grupos que de alguna manera le aporten a la comunidad”.

Algunos de los privilegios ofrecidos por el equipo de cinco personas de Loqules son solo eso, privilegios. Piense: una clase de cocina con el chef destacado Louis Tikaram. O un día de surf con el surfista profesional Taylor Knox. O una clase maestra de creación mural con el artista urbano KidWiseman.

Loqules cobra desde 80 dólares por persona por experiencias básicas, como una noche con un músico local, hasta 10 mil dólares por un pequeño equipo para tener un tutorial personal de grabación con el productor musical John Feldmann, que ha producido para los gustos de Avicii, Good Charlotte y Ashlee Simpson. El costo promedio de una experiencia es de 200 a 500 dólares por persona, y las opciones abarcan categorías como arte, música, surf, patinaje, comida, entrenamiento físico y moda. Una porción de la cuota va a la persona que ofrece la experiencia; Loqules retiene el resto.

Pero las empresas también tienen la opción de compartir la experiencia con personas necesitadas al asociarse con una organización sin fines de lucro como Safe Place for Youth, una organización de jóvenes sin hogar; A New Way of Life, que trabaja con mujeres exconvictas; o el Ejército de Salvación.

A través de estas asociaciones, las empresas a menudo pagan la factura para que los necesitados puedan participar en talleres y experiencias junto a los empleados.

De la docena o más de experiencias que Loqules ha hecho con firmas como Salesforce, Uber, AdColony, Citibank y Facebook, casi todas las compañías han elegido asociarse con una organización sin fines de lucro, y la mayoría han utilizado Loqules más de una vez.

Esto ha resultado ser una pequeña sorpresa para los investigadores y expertos en recursos humanos, que en los últimos años han notado un cambio en la forma en que los empleados quieren ser contratados y recompensados ​​en el trabajo.

Investigaciones del Instituto Brookings calculan que para el 2025 los milenials representarán el 75 por ciento de la fuerza laboral. (La generación se define como los nacidos entre 1982 y 2003.) Y dice que a medida que este grupo demográfico de trabajadores continúa creciendo, los valores de los milenials —que Brookings describe como un énfasis en la responsabilidad social corporativa, un valor más alto colocado en las experiencias que en las cosas materiales y el desarrollo comunitario—, vendrán a conformar al lugar de trabajo.

“Hace años jamás se veía a un joven de 25 años ganar 150 mil dólares”, señaló Karen Ross, directora ejecutiva de la firma de tecnología Sharp Decisions, que ha visto cada vez más a sus propios empleados expresar interés en hacer algo por las comunidades en las que operan. “Ahora están ganando buen dinero. A nadie le importa la comida gratis o la cerveza gratis. Están más interesados ​​en hacer la diferencia”.

Las empresas están respondiendo de una forma similar. En 2014, Airbnb comenzó a ofrecer a los empleados cuatro horas de tiempo remunerado cada mes para ofrecerse como voluntarios para causas locales. El año pasado, lanzó una semana dedicada al voluntariado para permitir a los empleados dedicar más tiempo a proyectos locales. Dropbox ofrece a los empleados 32 horas pagadas al año para ser voluntarios en organizaciones sin fines de lucro de su elección y organiza regularmente eventos patrocinados por la empresa donde los empleados pueden servir comidas en organizaciones benéficas locales. NetApp, una empresa de gestión de datos en Silicon Valley, ofrece a los empleados tiempo libre pagado para trabajar como voluntarios y también trabaja con la organización sin fines de lucro Rise Against Hunger para empaquetar comidas.

“La respuesta de los empleados ha sido extraordinariamente positiva”, comentó Matt Fawcett, asesor general de NetApp. “Enviamos una nota a mi equipo en Sunnyvale preguntando quién quería involucrarse, y en menos de 60 segundos hubo una avalancha de respuestas”.

Para un segmento de la fuerza de trabajo que tiene los medios para comprar todo lo que quiere, un beneficio de experiencia les da algo que el dinero no puede comprar necesariamente, según expertos en cultura corporativa.

“Cuando se otorga a alguien un premio, es algo a corto plazo -lo tiene, lo disfruta en ese momento, pero no hay memoria más allá de eso”, explicó Tina Figueroa, vicepresidenta de recursos humanos de AdColony, que ha utilizado Loqules dos veces como recompensa por un excelente desempeño y planea ofrecer las experiencias como un privilegio cada trimestre. “Una experiencia es emocional. Puedes revivirla una y otra vez. Es realmente bueno para la retención porque la gente se siente bien cuando le cuentan esas historias. Agrega cohesión y vincula a la gente”.

Lien escribe para Los Angeles Times.



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